
Vaya la que ha liado Gray Powell. Este ingeniero de Apple ha pasado de ser un completo desconocido a convertirse en uno de los nombres más pronunciados en los últimos días. ¿Qué ha hecho Gray para conseguirlo? Pues ni más ni menos que olvidarse un flamante prototipo del iPhone 4G en una cervecería de Los Ángeles después de tomar unas cañas con unos amigos. El teléfono fue encontrado por un cliente del bar que, al darse cuenta de la envergadura de su hallazgo, se lo vendió al principal blog de tecnología de Internet, Gizmodo. Esta bitácora se ha encargado de publicar con todo lujo de detalle numerosas imágenes sobre la nueva creación de Apple. Hasta tal punto ha llegado la cosa, que la propia marca le ha enviado una carta a Gizmodo pidiendo que le devuelvan su creación. Qué mala suerte la del pobre Gray, pensarán algunos.
No estaría yo tan seguro de que la suerte tenga algo que ver en esta historia. Más bien me da la sensación de que Apple lo tenía todo pensado y bien pensado. Creo que todo responde a una estrategia de comunicación perfecta. A pocos meses para el lanzamiento de su nuevo teléfono, la empresa de Steve Jobbs ha conseguido generar de forma indirecta una enorme expectación sobre su nuevo gadget. Y lo ha hecho sin enfadar a nadie. Ningún medio se ha sentido agraviado por no haber sido él el elegido por Apple para difundir la filtración, ya que ‘oficialmente’ dicha filtración no se ha producido. En la estrategia de Apple todos ganan: la propia marca eleva exponencialmente la expectación a pocos meses del lanzamiento de su producto; los medios de comunicación, siempre ávidos por descubrir información oculta de las empresas, se quedan con la sensación de que le han metido un gol por la escuadra a los de Cupertino; los fanboys de Apple han empezado a salivar pensando en las diabluras que van a poder hacer en cuanto se compren el nuevo aparatito. El único que pierde es el ‘pobre’ Gray Powell cuya reputación profesional ha quedado dañada por haberse olvidado tan preciado tesoro en un bar.
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